En 1994, el arqueólogo Klaus Schmidt llegó a una colina ondulada que los lugareños llamaban la montaña con ombligo. Lo que encontró bajo la superficie reescribió los manuales de prehistoria. Göbekli Tepe reveló un complejo de al menos veinte recintos circulares con pilares en forma de T de hasta cinco metros y dieciséis toneladas.
Para levantar estas estructuras se necesitaron cientos de personas coordinadas durante generaciones. Pero no hay rastros de vivienda permanente: Göbekli Tepe era un destino ritual periódico.
